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Por una expansion de la conciencia.


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17 de Noviembre, 2007


Sobre la interpretación de los propios sueños.



Sobre la interpretación de los propios sueños.
      El cálculo es simple: si Ud. tiene alrededor de 45 años, ha estado dormido durante unos 15 años. Si es otra su edad, igual es fácil sacar la cuenta: aproximadamente un tercio de cada día, un tercio de cada año, un tercio de su vida. Y la pregunta que desde la antigüedad ha tenido distintas respuestas, -aunque todavía ninguna definitiva-, es: ¿para qué dormimos? Una parte del proceso parece clara: reparación de células, descanso de la maquinaria, recarga de energías... Sin embargo, según las últimas investigaciones de la Neurofisiología, nadie aún ha determinado qué es concretamente lo que restauramos. De hecho, nuestros registros metabólicos indican que gastamos muchísima energía mientras dormimos. Sobre todo los minutos durante los cuales soñamos (5 ó 6 veces por noche, unos 100 minutos cada 8 horas, lo recordemos o no) consumimos mucho más oxígeno que cuando estamos despiertos, y también la actividad cerebral es mayor, con un aumento correlativo del flujo sanguíneo.

      Dado que todos los mamíferos sueñan (salvo, curiosamente, el oso hormiguero), los científicos deducen que el soñar ha de ser importan-tísimo, puesto que la evolución de las especies ha conservado intacta esa función a lo largo de todas sus mutaciones, siglo tras siglo. Francisco Varela, biólogo chileno radicado en los Estados Unidos que investiga los puntos de contacto entre la ciencia occidental y el Budismo, declara, en función de estos datos, que “...el sueño con REM [movimiento ocular rápido] es una actividad cognitiva fundamental. Es el lugar donde las personas pueden dedicarse al juego imaginario, probar diferentes argumentos, aprender nuevas posibilidades; un espacio innovador donde pueden surgir nuevas pautas y asociaciones, donde puede reelaborase todo lo experimentado.”

      Desde el Psicoanálisis en adelante, la interpretación de los sueños fue teniendo un espacio importante en distintas escuelas de Psicología. Sin embargo, no es con Freud con quien se inaugura el interés por develar los significados del mundo onírico: a lo largo de la historia de la humanidad los sueños fueron muy tenidos en cuenta en distintas culturas, existiendo en algunas de ellas, inclusive, especialistas en decodificación de sueños, procedimientos para recibir orientación a través de ellos, y hasta recintos sagrados en los cuales se dormía para pedirles a los dioses revelación, curación o consejo (tales como los templos de Esculapio en la antigua Grecia). Las filosofías y psicologías de Oriente también subrayaron la importancia del soñar: los tibetanos, por ejemplo, consideran el yoga de los sueños como una disciplina integral para la ampliación de la conciencia.

      Contemporáneamente, el desciframiento de las claves oníricas ha convocado a gran variedad de terapeutas e investigadores, no solamente para el trabajo con los pacientes (como lo aplica el Psicoanálisis) sino también para la interpretación de los propios sueños en el proceso de autoconocimiento personal: comprender los símbolos de nuestro soñar es un modo concreto de hacer contacto con el propio Inconsciente, y establecer con él una comunicación intencional y lúcida.

      Y es que la definición freudiana de que “el sueño es una realización de deseos” ha ido quedando, con el paso del tiempo, como una visión extremadamente reduccionista respecto de un proceso cuyos bordes reales aún no alcanza la Ciencia a vislumbrar. Esto coincide con que el concepto que se tiene actualmente sobre el Inconsciente mismo se ha ido modificando substancialmente, sobre todo a partir de la confluencia de la Psicología de Occidente con los conocimientos de Oriente, los cuales fueron difundiéndose principalmente desde la década de los ’60.

      La Psicología Transpersonal nos habla de un Inconsciente cuyas fronteras se encuentran mucho más allá de los traumas personales y del peso de lo reprimido. En ese sentido, el mapa de Roberto Assagioli (psiquiatra italiano pionero en lo Transpersonal) es uno de los más omniabarcantes en relación al psiquismo humano, ya que incluye el Inconsciente Personal, el Inconsciente Colectivo, y aquello que la Psicología convencional no había tenido en cuenta: el Inconsciente Superior o Supraconsciente, en el cual podríamos señalar la sede del núcleo del Sí Mismo (aquello que éramos aún antes de nacer, y que quizás sigamos siendo aún después de morir). En el Zen recibe un nombre que nos lleva mucho más allá del complejo de Edipo: Hishiryo (que podría traducirse como “Inconsciente Cósmico Religioso”).

      Y es que los sueños de cada noche pueden ser la expresión sim-bólica no solamente de lo reprimido, sino también de otros planos internos que poco tienen que ver con ello. Así, las funciones del soñar adquieren una dimensión paradigmáticamente diferente a la de ser la mera “realización de deseos”. Si tenemos en cuenta que el Inconsciente no es sólo el nido de los conflictos irresueltos, sino también una fuente de sabiduría no aprendida, conocimiento innato, inspiración numinosa, es natural pensar que los antiguos lo hayan invocado bajo la forma de dioses para recibir consejo u orientación en sus procesos vitales.



      Puesto que numerosas son, entonces, las funciones del soñar, podríamos preguntarnos para qué puede ser provechoso el aprender a decodificar los propios sueños. Esbozaría aquí algunas posibles respuestas:

      Para conocer aspectos de nosotros mismos que escapan a nuestra percepción consciente (rasgos internos, emociones reprimidas, opiniones no racionalizadas, aspectos de nuestra Sombra...).


Para reconocer patrones traumáticos y colaborar conscientemente en su     elaboración.

Para encontrar respuestas creativas a nuestros desafíos cotidianos.

Para comprender las pautas ocultas de nuestro modo de vincularnos con
    los demás.

Para desbloquear talentos desconocidos en lo emocional, lo intelectual, lo     corporal y lo creativo.

Para abrir la percepción hacia lo Trascendente de nuestra vida a través del     mundo onírico.



      Durante muchos años he investigado la importancia de los sueños en distintas culturas, la visión de diversos autores no-psicoanalíticos y los sueños “vivos” de pacientes y alumnos, más el estudio personal de los míos propios. En base a ello, fui encontrando que existen alrededor de veinticinco tipos de sueños, lo cual señalaría que las funciones del soñar, -ese ignoto “para qué soñamos?”-, tiene múltiples respuestas muy concretas. En los Seminarios de Interpretación de Sueños, uno de los trabajos más inmediatos que cada participante realiza con los suyos es poder reconocer a qué categoría pertenece el sueño que haya registrado. Esto ya es un paso determinante para acercarse a su significado. Esta investigación grupal ha ido sumando categorías de sueños que fueron ampliando la lista originaria, la cual seguramente seguirá completándose aún más con posteriores investigaciones.

      Por razones de espacio, voy a detallar sólo tres de estas veinticinco categorías, a modo de ilustrar tres funciones muy distintas del soñar que puedan dar a entender que las veintidós restantes divergen también notablemente de la antigua concepción del sueño como mera realización de deseos.



  Sueños Compensatorios: se trata de aquellos sueños cuya materia prima es el material subliminal que el Inconsciente recogiera de nuestros asuntos vigiles, y los convirtiera en mensaje onírico para apercibirnos de aquello que vigilmente no nos percatamos. Este mecanismo ha sido muy bien descripto por Jung, al detallar cómo la conciencia es unilateral: esto es, percibe muy parcialmente, y en el acto de percibir desecha valiosa información que parece no quedar registrada en nuestro psiquismo (detalles, gestos de nuestro interlocutor, contradicciones que preferimos no ver, emociones personales disparadas ante un hecho, etc.).

      Este material perceptual, sin embargo, lejos de ser descartado, en realidad está siendo captado y almacenado por nuestro Inconsciente, y, entre otros modos de ser presentado a la conciencia (como síntomas, acting-outs, actos fallidos, etc.), forma parte de la materia prima de nuestro mundo onírico. El Inconsciente, entonces, nos posibilita percatarnos mediante un sueño de aquello a lo cual no habíamos prestado suficiente atención durante la vigilia, corrigiendo las imágenes que tenemos de nosotros mismos y de nuestra realidad. Generalmente se trata de sueños en los cuales ciertos atributos de los hechos o de los personajes (incluidos nosotros mismos) se ven notablemente exagerados, como para que prestemos atención a aquello de lo cual aún no nos habíamos dado cuenta.



Podríamos graficar este mecanismo de la siguiente manera:





      Hay un experimento sencillo de realizar para poder constatar este mecanismo de nuestra percepción y su incidencia en el mundo onírico: reunimos un grupo numeroso de personas que tengan predisposición a recordar sus sueños, y lo exponemos a una gran cantidad de imágenes proyectadas con un taquistoscopio (proyector de diapositivas a alta velocidad). Lógicamente, cada persona sólo recordará una cantidad reducida de imágenes, y deberá anotarlas en una lista. La constatación estadísticamente significativa es que la mayoría de las personas tienden durante esa noche a construir sueños en los que ensamblan las imágenes olvidadas, en un creativo collage psicológico. Aquí vemos cómo el material que la persona pudo haber desechado de su percepción consciente se archiva en su interioridad junto con la emoción que esa imagen pueda haber movilizado en lo personal.

      Existen técnicas muy interesantes para poder detectar de dónde extrajimos el material relevante de cada sueño, haciendo conscientes los disparadores primarios y secundarios que hubieran operado en nuestra vida vigil. Pero, dada la complejidad del tema, de esto hablaremos en otra oportunidad.





  Sueños de Registro Fisiológico: Se trata de aquellos sueños cuya materia prima está constituida principalmente por micropercepciones corporales que, al suspenderse durante el dormir el ingreso de información externa, se amplifican, cobrando relevancia. Al amplificarse, se vuelven generadoras de alegorías simbólicas que ilustran los procesos de nuestro organismo en la salud y en la enfermedad.

      Así como es universal tener sueños que incluyen la percepción de la necesidad de orinar, o el inicio nocturno de la menstruación, otras pequeñas sensaciones físicas encuentran su modo de hacerse notar a través de la semántica de los sueños. Históricamente se han hecho experimentos para determinar cómo funciona este mecanismo, tales como acercar estímulos suaves al soñante (el contacto con un cubo de hielo o con algo punzante, una caricia, etc.). El resultado invariable es que esa micropercepción es incorporada al proceso onírico, formando parte del argumento del sueño que se construya en ese momento.

      Si bien ya Hipócrates entre los antiguos griegos había documentado la observación de este fenómeno, contemporáneamente distintos investigadores le han prestado atención, inclusive para tenerlos en cuenta en el seguimiento de pacientes con temas de salud específicos, como pueden serlo la enfermedad orgánica o funcional, los accidentes, el embarazo, el proceso de muerte y la recuperación postquirúrgica. En estos casos, el hecho de tener en cuenta el registro onírico permite hacer un seguimiento de la evolución del proceso biológico de esa persona en particular, y muchas veces también la decodificación de los sueños puede colaborar en el diagnóstico, pronóstico y tratamiento a seguir, en función de la información otorgada por el Inconsciente.

      Es sumamente interesante constatar cómo los procesos fisiológicos se expresan simbólicamente, no sólo mediante imágenes literalmente relativas al cuerpo, sino también a través de su metaforización en animales, aparatos, vehículos y otros objetos: caños tapados, techos rotos, agua sucia que corre, fuego... son múltiples los símbolos personales que el Inconsciente elige para dar aviso de lo que al cuerpo le está sucediendo.




  Sueños de Ensayo Conductual: Carl G. Jung enunciaba que “el sueño tiene una función motriz”. Esto significa que las aventuras que vivimos cada noche tienen una fuerte influencia en nuestra posterior conducta vigil: nos impulsan a un determinado tipo de acción, de proceder, de elección.
La investigación de este aspecto del soñar nos muestra que es bastante frecuente encontrar que, antes de realizar determinada tarea importante para nosotros, solemos soñar con ese hecho anticipadamente una y otra vez, con la misma o con distintas resoluciones: un examen, una competencia deportiva, un viaje, un encuentro afectivo, etc.

      En este fenómeno observamos el denominado mecanismo de anticipación, en el cual el Inconsciente parece ensayar una conducta que posteriormente ya sabe que el soñante deberá ejecutar, quizás a fin de encontrarse mejor preparado al momento de los hechos.

      Así como actualmente se practican técnicas de visualización en la preparación de deportistas o estudiantes para que, viéndose a sí mismo actuar asertivamente en su imaginación, puedan hacerlo luego en la vida vigil, pareciera ser que la Naturaleza misma realiza en forma autónoma este proceso, como una ayuda fundamental en el difícil arte de vivir.

      Hoy vamos a llegar hasta aquí, señalando sólo estos tres tipos de sueños, mas dejando constancia de que hay al menos veintidós más: sueños prospectivos, sueños premonitorios, sueños ajenos, sueños transpersonales...

      Así como en las culturas antiguas se dormía en los templos pidiendo orientación a los dioses, nosotros, los humanos de este siglo, podemos aprender a pedirle sueños a nuestro propio Inconsciente sobre aquellos temas que sean vitales para la comprensión de nosotros mismos y de nuestra realidad. A éstos se les llama sueños de incubación. El Inconsciente responde. Sólo necesita que sepamos preguntarle. Y que aprendamos a recordar y decodificar sus creativas respuestas, escondidas en el mensaje de los sueños.

Por david_kether - 17 de Noviembre, 2007, 19:37, Categoría: Sueños
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El Cuerpo, la Salud y los Símbolos Oníricos.

El Cuerpo, la Salud y los Símbolos Oníricos.




      La conexión cuerpo-psique también se manifiesta a través de nuestros sueños: desde la antigüedad se ha observado que las microsensaciones que tenemos mientras dormimos suelen amplificarse, convirtiéndose en imágenes oníricas. Actuales investigaciones han probado que algunos sueños revelan secretos del cuerpo: los inicios de una enfermedad, el pronóstico de un paciente, las manifestaciones de circunstancias físicas específicas (embarazo, pubertad, menopausia)... Los sueños pueden ser una herramienta de diagnóstico, de pronóstico, e inclusive tener un efecto terapéutico, movilizando la química del propio organismo. Algo verdaderamente asombroso...

      Desde Hipócrates hasta nuestros días: Cuando, al dormir, sus ojos se cierran y va Ud. retirando del mundo sus sentidos, en la quietud de ese estado sucede un fenómeno peculiar: las micropercepciones provenientes del propio cuerpo (propioceptivas) pueden hacerse escuchar, amplificándose, y son ellas las que pueden dar sustento a algunos de los símbolos de su mundo onírico.

      Antes de proseguir, quisiera formular una aclaración: todos los seres humanos soñamos todas las noches, lo recordemos o no. Existen entrenamientos específicos no sólo para aprender a recordar los sueños, sino también para saber interpretarlos y hasta para producirlos intencionalmente para sondear la respuesta del propio Inconsciente ante determinados asuntos. (Trabajando con grupos de investigación de sueños desde hace más de veinte años, me consta por propia experiencia que esto es así.)

      Curiosamente, la primera y más completa clave de los sueños medicinales de la antigüedad occidental es el “Tratado de los Sueños” atribuido a Hipócrates, el padre de la Medicina, resaltando este fenómeno de las micropercepciones y su incidencia en el mundo onírico, e indicaba la importancia de que el médico escuchara los sueños de sus pacientes para poder hacer un diagnóstico y un pronóstico acertados, y a la vez encontrar en esos sueños claves concretas para la prescripción del medicamento justo.

      El mismo Aristóteles, quien escribiera tres obras relativas al sueño (con una aproximación no interpretativa sino filosófica), señala: “Puesto que todos los comienzos son poco importantes, es evidente que el comienzo de las enfermedades y otros accidentes que se producen en el cuerpo también lo son. Es natural, pues, que estos síntomas sean necesariamente más claros durante el sueño que en estado de vigilia.”

      Hacia mitad del 1800, el Marqués de Hervey de Saint Denys, profesor de lengua y literatura chinas, realizó investigaciones muy interesantes que quiero compartirle (por si las quiere explorar por sí mismo de un modo experimental): preocupándole de qué manera incidían las percepciones propioceptivas en la formación de imágenes oníricas, él le pedía a alguien que estuviese a su lado por la noche, cuando comenzaba a dormirse, y que le provocara determinadas sensaciones para las cuales no estuviese prevenido, despertándolo luego de un tiempo suficiente como para que se hubiera podido generar eventualmente un sueño. Así, por ejemplo, luego de que le hicieran cosquillas en los labios suavemente, la imagen onírica que él había registrado era la de estar recibiendo un beso de una hermosa mujer; después de que le acercaran un hierro caliente a su oreja había soñado con fogoneros que torturaban a un grupo de gente... Al repetir estos experimentos caseros con otras personas, observó también que estímulos similares convocaban contenidos diferentes según el soñante, como si la percepción real se invistiera de argumentos individuales, que daban forma única a la experiencia onírica.

      Como un correlato espontáneo a lo que el Marqués observó, a la mayoría de las personas les es familiar la experiencia de soñar con agua o con baños y despertarse con necesidad de orinar, o bien, en la mujer, soñar con sangre y despertar menstruando, así como incorporar a la trama onírica algún sonido percibido desde afuera, transformándolo en otra cosa que conviniera al argumento que se estuviera desplegando en el sueño (por ejemplo escuchar una bocina y soñar con un ave graznando, o convertir en un coro de ángeles la alarma del despertador!).

      Actualmente son numerosas las investigaciones enfocadas en observar este fenómeno onírico. Destacaría particularmente las realizadas por Patricia Garfield, (co-fundadora de la Association for the Study of Dreams, quien ha hecho un profundo análisis de los procesos oníricos en personas enfermas o accidentadas, consignando los indicadores somato-psíquicos de recuperación o agravamiento) y de Patricia Maybruck (quien ha investigado exhaustivamente los sueños de mujeres embarazadas y su evolución durante cada fase del proceso de gestación). (4)

   Algunas conclusiones de la Dra. Patricia Garfield:

      Observe la imagen de su derecha: el conocido autorretrato de la pintora mexicana Frida Khalo intitulado “Columna rota”. Como Ud. seguramente sabrá, Frida pintó este cuadro mientras estaba rehabilitándose de un severo accidente que le costara varias operaciones, junto con altos niveles de dolor, sobre todo en su columna. El modo en que la artista representó simbólicamente su dolor sigue las mismas pautas que el Inconsciente utiliza para generar sueños a partir de lo que al cuerpo le está sucediendo. Veamos cómo se da este fenómeno, para que Ud. pueda considerarlo como una posible matriz para la interpretación de algunos de sus sueños.

      La Dra. Patricia Garfield, médica norteamericana, observó que el cuerpo suele simbolizarse en los sueños a veces literalmente (o sea, con la imagen del cuerpo mismo o de sus órganos), y muchas otras veces metafóricamente, sobre todo en aquellos sueños en los que aparecen casas, vehículos, animales, máquinas y otros objetos representativos de las partes del cuerpo afectadas. Tales sueños probablemente son respuestas del cerebro a sensaciones corporales nimias que son magnificadas y dramatizadas por el Inconsciente durante el sueño. (Obviamente, como Ud. mismo se dará cuenta, no siempre que aparecen estas metáforas representarán procesos fisiológicos, pero si frecuentemente.)

      Por ejemplo, si se trata de una casa, la escalera podría aludir a la columna vertebral; la caldera, al estómago; los cables eléctricos, a los nervios. Si se tratara de un coche, los problemas con el combustible podrían simbolizar descenso en el nivel de energía; el motor u otras piezas, órganos internos; los frenos, la impulsividad motriz. Del mismo modo, por analogía, Ud. mismo podrá descubrir si algún elemento onírico puede estar representando un proceso que su propio organismo esté atravesando. Y ello, como toda interpretación, requerirá de una mente abierta como para no efectuar una decodificación mecanizada y reduccionista. (Cada vez que comparto este tema sugiero lo mismo a quienes me escuchan: no se asusten, no se sugestionen! Si estas pautas se toman hipocondríacamente uno se vuelve obsesivo respecto de su salud ante cada sueño! Simplemente son ideas para ser tenidas en cuenta, sobre todo cuando las circunstancias fisiológicas lo requirieran.)

      Garfield señala siete etapas en la recuperación de un trauma físico (accidente o enfermedad), cada una de ellas con temas oníricos característicos:

      1) Sueños de advertencia: Estos sueños son la exprersión de que el soñante está teniendo actitudes que podrían derivar en un accidente o trastorno físico, o bien señalan la manifestación onírica de micropercepciones de los inicios de un síntoma.

      Estos sueños eran particularmente tenidos en cuenta por los antiguos griegos, denominándolos sueños prodrómicos, siendo “pródromo” la palabra médica que indica aquellos síntomas que indicarían el comienzo de una enfermedad o una crisis (prodromos = heraldo, mensajero).

      Ejemplos de esta fase serían: soñar que se está conduciendo un auto sin frenos; tormentas amenazantes; objetos de uso diario que se descomponen; casas que se desmoronan o están dañadas (observando qué partes específicamente se destacan en el sueño), plantas o animales desvitalizados, agua sucia que corre...

      2) Sueños de diagnóstico: En esta etapa los síntomas ya tienen una expresión más franca, aunque puede aún no haber claridad respecto de qué es lo que le sucede al cuerpo. Entre los médicos sensibles a los sueños existe una línea de Medicina Preventiva que los tiene en cuenta. Los motivos oníricos propios de esta etapa son: fuego o calor extremo, o bien frío extremo, exceso de agua, exceso de sequedad, comezón, heridas, personas, animales o plantas que estén lesionados o moribundos, estar aprisionado, apretado contra algo...

      3) Sueños de crisis: Cuando la integridad de nuestros cuerpos es amenazada, la mente soñadora interpreta la situación como una crisis. Aquí también tendrían lugar los sueños previos a una intervención quirúrgica, de entre los que P.Garfield enumera como típicos: carne que está siendo cortada y/o comida, amenaza con armas blancas, accidentes, incendios, nubarrones negros que cubren el sol...

      4) Sueños de post-crisis: Después de una intervención quirúrgica o de una situación crítica severa es natural tener mal dormir, por lo cual en general se tardan unas dos semanas en restablecerse los ritmos circadianos normales. Si se está tomando medicación para el dolor, al ir retirándosela el cerebro experimenta lo que se llama “reacción del REM”: un estado de sueños intensos y vívidos, a menudo aterradores. Cuando se está falto de sueño y hay una oportunidad de compensar esa carencia, luego de unas pocas horas de sueño reparador es usual pasar por una serie de sueños difíciles (¿cómo una “digestión” de las instancias vividas?).

      En esta etapa los sueños suelen implicar casas o personas violentadas, pérdida de cosas, visión de personas fallecidas o animales muertos (como expresión del miedo a la muerte), repetición onírica del hecho real acontecido (accidente u operación)...

      5) Sueños curativos: Así como hay microseñales que anticipan la enfermedad, también las hay que auspician la recuperación de la salud: lentamente, intercalado entre las pesadillas precedentes, el soñante suele experimentar sueños que generan sensaciones plácidas, gratas, vitalizantes. De hecho, a partir de las neurociencias podría afirmarse que estos sueños, como vimos, son endorfinógenos (es decir, movilizadores de endorfinas, neurotransmisores reparadores de la salud.)

      Son motivos oníricos característicos: paisajes bellos, conducción hábil de un vehículo, contacto con la Naturaleza (juntar flores, caminar...), nacimiento de animales pequeños, casas siendo restauradas o embellecidas, objetos nuevos, eliminación de desechos, juegos, encuentro de objetos perdidos, ropa nueva, actividades físicas (sueños que, con su función motriz, ayudarían luego a hacer realidad ese despliegue corporal en la vigilia)...

      6) Sueños de convalecencia: No hay una demarcación clara entre los sueños de la etapa anterior y los de ésta, dado que corresponden a un continuo de recuperación. Más bien se trata de un cambio gradual en el énfasis en los motivos anteriores, agregándose muchas veces sueños en los que se expresa el incremento del apetito, y aquéllos en los que se escenifica una actitud positiva y optimista sobre un cuerpo restablecido. La convalecencia es frecuentemente caracterizada también por imágenes oníricas que integran la parte del cuerpo anteriormente lesionada o enferma a una nueva imagen corporal.

      7) Sueños de buena salud: Aquí los sueños vuelven a los tópicos principales pretrauma, aquellos asuntos que ocupan el foco de nuestra vida. Hipócrates, además, señalaba como motivos oníricos propios de buena salud: ver el sol, la luna o el cielo con colores brillantes, ver y oír claramente en sueños, caminar con seguridad, árboles frondosos, ríos fluyendo naturalmente con agua pura... es decir, los elementos de la Naturaleza parecen desplegarse sin sufrir exceso ni defecto.

   Sueños y embarazo: La Dra. Patricia Maybruck observó que, durante la gestación, los cambios hormonales y el desarrollo del futuro bebé van generando sueños característicos, correlativos a las alteraciones del sueño, del humor y la transformación paulatina del esquema corporal.

      Los temas propios de los primeros meses están relacionados con agua en grandes cantidades, animales anfibios, animales pequeños y tiernos (ardillas, conejitos, ositos, aparentemente representando el feto en desarrollo). Esos mismos animalitos suelen verse grandes a medida que el embarazo ha avanzado (el gatito se convierte en pantera o león...). Es común también tener sueños repetitivos con la propia madre (¿quizás como ensayando el rol?). El 40% de las mujeres embarazadas tiene pesadillas, generalmente con catástrofes naturales, situaciones amenazantes y accidentes. Estos sueños generalmente no se consideran indicativos de trastornos en el embarazo ni de algo malo que vaya a ocurrir, sino que son una expresión ansiosa de los cambios corporales. El hecho de considerarlos como algo normal y universal puede ayudar a la soñante a disminuir la ansiedad de creerlos sueños premonitorios, y, con ello, a aminorar también la frecuencia de las pesadillas.

 

Publicado en la revista "Medicinas Alternativas", de Buenos Aires, en enero del 2004


Por david_kether - 17 de Noviembre, 2007, 19:03, Categoría: Sueños
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Estrategias para recordar los sueños.

Estrategias para recordar los sueños.

Tal como sucede con tantas otras habilidades, recordar los sueños requiere de práctica y de perseverancia (sobre todo para aquéllas personas que tienen menor facilidad natural para recordar sus sueños, ya sea en forma estructural o circunstancial). Es como volver consistente un músculo fláccido!

Veamos ahora puntualmente cuáles son estas estrategias para facilitar la evocación onírica. Conociéndolas, Ud. verá por sí mismo cuáles de ellas quiere implementar en su cotidianeidad.

§ Así como hay personas que se despiertan a la hora que deseen “programándose” antes de dormir mediante la visualización de las agujas del reloj en la hora en que quisieran hacerlo, si Ud. se duerme teniendo dentro de sí la determinación de recordar sus sueños oficiará de autoinducción para la evocación onírica. Esto significa, al ir durmiéndose, verse a sí mismo desper-tando y recordando al menos el último de sus sueños. (Más adelante le compartiré una técnica para la incubación de sueños que puede resultarle de utilidad también en este punto.)

§ Al despertar, en lo posible quédese en la cama un poco más, -si es necesario sentado, para no volver a dormirse-. El saltar directamente desde el dormir a la actividad hace que se pierda con mayor facilidad el recuerdo de los sueños. (Hobson y Mc.Carley demostraron que el cambio repentino de la química cerebral al momento de despertar es causante de una amnesia fisiológica de lo onírico.)

Así que, quieto aún, trate de “pescar” el remanente de los sueños, y ano-te al menos algo. “Algo” en este caso significa una impresión, una imagen, aún difusa, o aunque más no sea la sensación general que perciba al desper-tar. Si recuerda una secuencia más estructurada, mucho mejor. Pero procure tener ese registro del “algo”. Éste es un entrenamiento básico para que el Inconsciente responda ofreciendo cada vez mayor recuerdo de sus sueños.

§ Tener a mano con qué anotar o grabar nuestros sueños nos dispone a que podamos capturar de inmediato el evanescente mundo onírico. Es importante tener en cuenta que, por razones neurofisiológicas, las reminiscencias de un sueño son fácilmente olvidables si sólo quedan en la memoria inmediata. Para que no lo sean, es necesario fijarlas, y el mejor modo es regis-trarlas de inmediato, antes de disponerse a la actividad del día.

Observará que con frecuencia cuando Ud. se propone fijar sólo en su memoria su sueño para “después” anotarlo, por nítidas que sean sus imágenes es muy usual que luego no pueda evocarlas. Del mismo modo es probable que registrándolas “en caliente” cuando vuelva a leer o a escuchar lo grabado le parezca algo extraño, como si fuera el sueño de otra persona.

§ Al evocar un sueño es más fácil recordarlo si se comienza por el final y se lo “rebobina” como si fuera una película.

§ Otra estrategia para recordar sus sueños ni bien despierta es la de, quedándose quieto antes de comenzar la actividad, repasar las distintas áreas de su vida, como si se preguntara a sí mismo: “Soñé con algo vinculado a mi trabajo? A mi familia? A mis proyectos? A mi casa?...” El rastrear cada área de la propia vida a veces oficia como de imán para recordar los sueños con ellas vinculados.

§ Recuerde que el prestarle atención al mundo onírico es en sí mismo un facilitador del recuerdo de sus sueños. Quienes sean terapeutas o hayan hecho terapia alguna vez sabrán por propia experiencia que, sobre todo si el terapeuta presta atención a los sueños de su paciente, éste comenzará a recordarlos de un modo infrecuente o acentuado.

Teniendo esto en cuenta, es interesante señalar que los trabajos de elaboración del material que ofrecen nuestros sueños son parte del entrenamiento que puede ayudar a fortalecer la memoria onírica: escribir el Diario de Sueños, ilustrar nuestros recuerdos oníricos, armar collages, comentarlos con otras personas que sepan escucharlos, son todas actividades que propician la acentuación de nuestra capacidad de recordar los sueños.




Por david_kether - 17 de Noviembre, 2007, 18:51, Categoría: Sueños
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