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LA LEY DEL KARMA

        

  17.-   Ley de causa y efecto.- Ley fundamental hermética que nos relaciona aquellos síntomas y consecuencias de la vida con causas precisas que las establecen. Todo tiene su causa, todo su correspondencia. Esto es como decir que no existe la casualidad, ya que cualquier acontecimiento viene condicionado por un móvil específico que la mayor parte de las veces nuestra mente lógica y lineal no entiende ni precisa.

También se la denomina Ley de acción y reacción, ya que a toda acción le corresponde una consecuencia natural que deriva de la misma energía que produce. Cada acto libera una concreta energía, lo que producirá en el espacio-tiempo una correspondencia puntual. A todo síntoma en la vida, a una herida, a un dolor, a una enfermedad, a cualquier situación por la que pasamos, le corresponde una causa donde se apoya; en consecuencia, la causa es el origen desde donde se manifiesta cualquier efecto físico.

         Podríamos decir que una experiencia concreta emite una vibración que impresiona al campo vital, esta vibración repercute en el campo astral, afectando a nuestra alma y, por ende, al inconsciente, de ahí derivará hacia el campo mental creando un diseño electromagnético en lo que llamamos la psiquis, para finalmente producir una huella en el mundo de las causas. El ordenador causal, por decir así, deriva una correspondencia precisa de esa experiencia, afectando al campo mental, al campo astral, repercutiendo en consecuencias concretas en nuestro campo vital, para llegar a manifestarse, por último, en lo físico.

         Según esta Ley todo lo que sucede en el universo tiene un sentido cósmico, ya que cada entidad espiritual está sostenida por las previas condiciones que dan origen a su creación y a aquello que lo ha de conectar con su mundo. Esta cuestión debe ser comprendida desde el punto de vista constelar, desde la formación de soles y planetas, desde la realidad de un país, la formación de una civilización, una raza o bien las causas que determinan que una familia o grupo social estén compuestos por determinadas almas.

El mundo de las Causas se establece para ordenar todas las experiencias, para fijar, como si de una gran computadora se tratara, todas las posibles conexiones de la energía activa, produciendo significativos efectos y correlaciones. En la medida en que un ser humano, gracias a su discernimiento, es capaz de conectarse mentalmente con el mundo de las causas, puede prevenir o anticiparse a los acontecimientos que vive. Quiere decirse que hay hombre causales que llegan a desarrollar esa visión profunda de lo que acontece o es susceptible de acontecer. De esta manera la conciencia permite al alma humana trascender lo temporal, la ilusión mediante la cual nos parece que los acontecimientos suceden de forma lineal, dándonos una visión integral de la vida en donde las correspondencias se plasman.

No obstante, hay personas que ya reciben esta información de forma intuitiva, sin que previamente se haya dado en ellos un desarrollo espiritual. Estas personas, evidente-mente sensitivas, pueden captar desde el mundo causal acontecimientos pasados como futuros, caso de personas que reciben, de alguna manera, información de una catástrofe que va a suceder. Por ejemplo el caso de Calpurnia, la esposa de Julio César, cuando soñó días antes cómo se iba a producir la muerte de su marido; el caso de la profecía que indicaba cómo el príncipe griego Atis moriría de una flecha en plena juventud, vaticinio que obligó a su padre Creso a proteger al niño desde muy tierna edad, sin resultado alguno; el mensaje profético que tuvo una vidente del hundimiento del Titanic días antes de que el barco zarpara, reportaje que hizo que algunos pasajeros anularan su billete, salvándose así de la tragedia; o bien de cómo Abraham Lincon soñó con las particularidades del asesino que más tarde le daría muerte.

Karma se entiende como la serie de correspondencias que ha de vivir el alma, tanto se refiera a efectos negativos como a positivos. Karma es una palabra sánscrita que nos viene a indicar el flujo de deudas y beneficios, de situaciones penosas y limitaciones, como de efectos eficaces que, gracias a una previa disposición, nos hemos creado. Así la Rueda de la Vida genera constantemente penalidades e infortunios, como el mejor lenitivo que utiliza la Ley Divina para que lleguemos a superar aquellos aspectos que niegan la manifestación de nuestra alma.

         Según esta Ley, el karma promoverá para el ser humano situaciones precisas, límites como beneficios que derivan hacia la vida según previamente hayamos manifestado nuestra actitud. La energía que acompaña a cualquier intención impacta en el mundo causal, estableciendo huellas energéticas que con posterioridad se señalarán en la existencia. Así el que seamos feos o guapos, el que hayamos nacido en una familia pobre o adinerada, estemos integrados en una cultura, raza o situación social, el que padezcamos una enfermedad concreta… etc, no sucede por azar, sino que sucede como consecuencia natural de la vibración que previamente nuestro Ser ha diseñado en los planos superiores de la conciencia.

Este proceso que de forma suscinta hemos señalado tendrá que ver tanto con las circunstancias positivas como con las negativas, ya que es simple energía la que procede y diseña nuestra realidad. La energía alterna, confusa, impresionable, inarmónica… etc, creará efectos negativos, mientras que si la experiencia está impregnada de positividad creará efectos útiles y positivos. La resistencia de la mente humana a no sufrir, a no experimentar condiciones o situaciones que amenacen al Yo, se convertirá en una trampa energética que originará más y más condiciones. Es por ello que cuando un individuo fluye adecuadamente afecta positivamente a su karma, mientras que cuando se resite crea más condición.

         El alma, al encontrarse enclaustrada por las formalidades que el «Ego» dispone en la emoción y en la psiquis, requiere continuamente de esta medicina causal a la que llamamos karma, para que el plan evolutivo pueda seguir su curso. No obstante, la compensación del fruto que somos capaces de promover con la actitud favorece múltiples beneficios, bien se haga de forma consciente como inconsciente. Gracias a esta visión amplia de la realidad podremos comprender que en la Rueda de la Vida somos retribuidos adecuadamente, a veces a través de experiencias que se encuentran muy al margen de lo que nuestra mente concreta puede interpretar como apropiado y deseable.

En relación a esto, el tener muchos bienes personales no tiene que ser considerado precisamente como un beneficio, si condiciona radicalmente nuestra personalidad o desarrolla en extremo la ambición; como, de igual manera, el hecho de padecer una prueba de austeridad puede llegar a ser muy beneficioso para nuestro desarrollo personal, puesto que instruye en el desapego y nos ayuda a sentirnos más fortalecidos y autónomos.

Esta Ley justa y retributiva permite no tan sólo comprender lo que anteriormente no comprendimos, sino que, además, acerca al individuo la compasión como un aspecto fundamental en el desarrollo consciente, ya que mediante ella llegamos a entender que cuando herimos a alguien, cuando de alguna manera volcamos nuestra inconsciencia en lo ajeno, se produce un efecto de compensación que a nosotros mismos no daña, sufriendo las molestas consecuencias de la acción.

La mente dual asocia automáticamente sus propios valores, el sentido de lo bueno y lo malo según es educada en las condiciones que afectan al Yo. Esto nos convierte en seres tremendamente subjetivos, intérpretes de las experiencias que vivimos según la serie de consideraciones sociales y personales que hallamos asociado a la psiquis. En cambio, el mundo de las causas distribuye las condiciones formales por las que pasamos sin tener en cuenta nuestra arbitrariedad. Él nos influye desde una perspectiva que sólo podremos entender cuando aprendemos a prescindir de la indumentaria «egoica» que nos envuelve, comprendiendo así el móvil causal que determina precisos efectos.

         La exacta matemática del universo no dispensa nada al azar, ni en manos de una casualidad arbitraria y caprichosa que nos lleve a sufrir gracias a un determinismo cósmico que muchas mentes agnósticas ni siquiera necesitan explicarse. Así que a nuestro mundo —como a cada uno de los seres que lo habitan— lo mueven exactas tensiones que favorecen su devenir, por mucho que a través de la mente lógica no lleguemos a encontrar satisfactorias deducciones.

         El iniciado asume la Ley de correspondencias a la que se ve sujeta su existencia cuando alcanza la equilibrada perspectiva que le hace entender que en el mundo estimulante donde vive todo es relativo; y que, en cualquier caso, todo acontecimiento es una proposición para que él pueda activar la conciencia y liberarse de los añadidos energéticos que carga su personalidad. Asimismo, entenderemos que el karma se manifiesta para el alma humana de forma muy diferente a como lo hace para el alma espiritual o divina. Cuando esta Ley se ha de aplicar a los grandes maestros, a los seres espirituales que habitan dimensiones no físicas, se denomina Ley de la Katancia, un aspecto de correspondencias especiales que requerirá, por decir así, la corresponsabilidad del mundo en el que se evoluciona.

Si bien existen unas correspondencias continuas para el alma humana trazadas por esta Ley, a veces la inconsciencia del hombre se empeña en crearse una condición sin que estuviera dispuesta según concordancias previas de su actitud. Así el estado de dormidez del individuo origina accidentes y limites, haciendo que nuestra acción compulsiva y pasional reproduzca nuevos efectos contradictorios.

(Extracto del libro «LA BALANZA DORADA» ESTUDIO DE LAS 48 LEYES QUE NOS GOBIERNAN, editado por nuestro Departamento Editorial. Para más información, ver publicaciones en nuestra Web: www.cepaluz.com)

  

NOTA 111.-    EL KARMA DE LA INACCIÓN

¿Habían oído hablar antes sobre el karma de la inacción? Ustedes piensan que el karma sólo puede generarse como consecuencia de sus acciones, mas no es así.

Imaginen que alguien se dirige a ustedes en busca de ayuda y ustedes no desean dársela. ¿Crearían karma en ese caso, teniendo en cuenta que ustedes no habrían hecho nada? ¿No harían algún esfuerzo para ayudar a la persona que acude a ustedes?

Mucha gente en la Tierra crea karma justamente por no realizar ninguna acción en el momento en que hay que actuar. La Ley Divina estipula que ustedes crean consecuencias nefastas incluso en aquellos casos en que no realizan acción alguna.

El ser humano llega al mundo con el fin de acumular experiencias y actuar. Por lo tanto, al desviarse de una acción, generan karma. Recuerden que el karma es la Ley de las correspondencias que deriva hacia la vida del mundo causal, energía canalizada con conciencia o erróneamente cuando realizamos actividades incorrectas. Si ustedes usan la Energía Divina que fluye en su campo anímico en conformidad con la Ley Divina, entonces generan adecuadas correspondencias. Si usan incorrectamente la Energía Divina, ésta se acumula en sus cuerpos inferiores en forma de energía negativa. Esta energía, en conformidad con la Ley Divina, les atrae esas situaciones con las que necesitan lidiar una y otra vez con experiencias incómodas, con el fin de aprender una lección, tomar las decisiones correctas para así poder sanar su alma.

Por ejemplo, en el caso de albergar algún tipo de envidia y difamar o calumniar, crean karma negativo. Y ese karma regresará a ustedes a través de situaciones en las que se verán expuestos exactamente a las mismas acciones. Entonces, podrán ser objeto de envidias, insultos o lenguas venenosas.  

A fin de saldar nuestro karma negativo, conviene enfrentar dichas situaciones con humildad y conciencia, sin juzgar a sus agresores y perdonando cuantas veces sea necesario a quienes les ocasionen daño.

Esa es la razón por la cual decía Jesús que se debe perdonar «hasta siete veces setenta». Ustedes nunca saben cuántas veces en vidas anteriores han insultado a la gente y se han visto comprometidos en acciones indecorosas.

Pero volvamos a nuestro punto sobre el karma de la inactividad. Por ejemplo, una persona se dirige a ustedes en busca de ayuda y ustedes se niegan a ofrecérsela. Estarían creando consecuencias negativas por ello, teniendo en cuenta que ustedes no estarían haciendo uso de la energía divina que se les brinda a través de su realidad personal para obrar. Simplemente no hacen nada. Esta situación no es tan simple como parece. Que ustedes creen karma negativo o no depende de muchas circunstancias.

Cuando el individuo logra un cierto nivel espiritual, se encuentra obligado no sólo a su propia auto-observación, sino también a ayudar a otros a escapar de situaciones en las cuales puedan crear condiciones nefastas para la vida.

Ustedes deberán ayudar siempre a la gente que acuda a ustedes en busca de ayuda. Los sentimientos y motivos que les conducen a tomar una decisión hacen que ustedes creen karma constantemente. Por ejemplo, si sus intenciones son las de darle una lección a esa persona que viene en busca de vuestra ayuda, o se complacen por el hecho que alguien venga a humillarse ante ustedes, o simplemente, son demasiado perezosos para ofrecer esta ayuda o la avaricia los domina… cada uno de estos motivos son la verdadera razón de su negación a ayudar. Son cualidades no-divinas y ustedes crean dolor y confusión al fomentarlas.

Por lo tanto, antes de rechazar a una persona que les haya solicitado ayuda, consideren siempre y cuidadosamente todos los «pros» y todos los «contras».

La riqueza y cualidades son dados como una oportunidad de liberar karma. Por lo tanto, una persona a quien se le haya otorgado una enorme riqueza o capacidades personales para que pueda liberarse de su karma, tendrá que analizar muy concienzudamente lo que puede hacer con dicha riqueza con el fin de ayudar a los demás y cooperar con el proceso de su evolución.

(Nota basada en un artículo recibido vía Internet) www.cepaluz.com

www.cepaluz.com

          

También se la denomina Ley de acción y reacción, ya que a toda acción le corresponde una consecuencia natural que deriva de la misma energía que produce. Cada acto libera una concreta energía, lo que producirá en el espacio-tiempo una correspondencia puntual. A todo síntoma en la vida, a una herida, a un dolor, a una enfermedad, a cualquier situación por la que pasamos, le corresponde una causa donde se apoya; en consecuencia, la causa es el origen desde donde se manifiesta cualquier efecto físico.

         Podríamos decir que una experiencia concreta emite una vibración que impresiona al campo vital, esta vibración repercute en el campo astral, afectando a nuestra alma y, por ende, al inconsciente, de ahí derivará hacia el campo mental creando un diseño electromagnético en lo que llamamos la psiquis, para finalmente producir una huella en el mundo de las causas. El ordenador causal, por decir así, deriva una correspondencia precisa de esa experiencia, afectando al campo mental, al campo astral, repercutiendo en consecuencias concretas en nuestro campo vital, para llegar a manifestarse, por último, en lo físico.

         Según esta Ley todo lo que sucede en el universo tiene un sentido cósmico, ya que cada entidad espiritual está sostenida por las previas condiciones que dan origen a su creación y a aquello que lo ha de conectar con su mundo. Esta cuestión debe ser comprendida desde el punto de vista constelar, desde la formación de soles y planetas, desde la realidad de un país, la formación de una civilización, una raza o bien las causas que determinan que una familia o grupo social estén compuestos por determinadas almas.

El mundo de las Causas se establece para ordenar todas las experiencias, para fijar, como si de una gran computadora se tratara, todas las posibles conexiones de la energía activa, produciendo significativos efectos y correlaciones. En la medida en que un ser humano, gracias a su discernimiento, es capaz de conectarse mentalmente con el mundo de las causas, puede prevenir o anticiparse a los acontecimientos que vive. Quiere decirse que hay hombre causales que llegan a desarrollar esa visión profunda de lo que acontece o es susceptible de acontecer. De esta manera la conciencia permite al alma humana trascender lo temporal, la ilusión mediante la cual nos parece que los acontecimientos suceden de forma lineal, dándonos una visión integral de la vida en donde las correspondencias se plasman.

No obstante, hay personas que ya reciben esta información de forma intuitiva, sin que previamente se haya dado en ellos un desarrollo espiritual. Estas personas, evidente-mente sensitivas, pueden captar desde el mundo causal acontecimientos pasados como futuros, caso de personas que reciben, de alguna manera, información de una catástrofe que va a suceder. Por ejemplo el caso de Calpurnia, la esposa de Julio César, cuando soñó días antes cómo se iba a producir la muerte de su marido; el caso de la profecía que indicaba cómo el príncipe griego Atis moriría de una flecha en plena juventud, vaticinio que obligó a su padre Creso a proteger al niño desde muy tierna edad, sin resultado alguno; el mensaje profético que tuvo una vidente del hundimiento del Titanic días antes de que el barco zarpara, reportaje que hizo que algunos pasajeros anularan su billete, salvándose así de la tragedia; o bien de cómo Abraham Lincon soñó con las particularidades del asesino que más tarde le daría muerte.

Karma se entiende como la serie de correspondencias que ha de vivir el alma, tanto se refiera a efectos negativos como a positivos. Karma es una palabra sánscrita que nos viene a indicar el flujo de deudas y beneficios, de situaciones penosas y limitaciones, como de efectos eficaces que, gracias a una previa disposición, nos hemos creado. Así la Rueda de la Vida genera constantemente penalidades e infortunios, como el mejor lenitivo que utiliza la Ley Divina para que lleguemos a superar aquellos aspectos que niegan la manifestación de nuestra alma.

         Según esta Ley, el karma promoverá para el ser humano situaciones precisas, límites como beneficios que derivan hacia la vida según previamente hayamos manifestado nuestra actitud. La energía que acompaña a cualquier intención impacta en el mundo causal, estableciendo huellas energéticas que con posterioridad se señalarán en la existencia. Así el que seamos feos o guapos, el que hayamos nacido en una familia pobre o adinerada, estemos integrados en una cultura, raza o situación social, el que padezcamos una enfermedad concreta… etc, no sucede por azar, sino que sucede como consecuencia natural de la vibración que previamente nuestro Ser ha diseñado en los planos superiores de la conciencia.

Este proceso que de forma suscinta hemos señalado tendrá que ver tanto con las circunstancias positivas como con las negativas, ya que es simple energía la que procede y diseña nuestra realidad. La energía alterna, confusa, impresionable, inarmónica… etc, creará efectos negativos, mientras que si la experiencia está impregnada de positividad creará efectos útiles y positivos. La resistencia de la mente humana a no sufrir, a no experimentar condiciones o situaciones que amenacen al Yo, se convertirá en una trampa energética que originará más y más condiciones. Es por ello que cuando un individuo fluye adecuadamente afecta positivamente a su karma, mientras que cuando se resite crea más condición.

         El alma, al encontrarse enclaustrada por las formalidades que el «Ego» dispone en la emoción y en la psiquis, requiere continuamente de esta medicina causal a la que llamamos karma, para que el plan evolutivo pueda seguir su curso. No obstante, la compensación del fruto que somos capaces de promover con la actitud favorece múltiples beneficios, bien se haga de forma consciente como inconsciente. Gracias a esta visión amplia de la realidad podremos comprender que en la Rueda de la Vida somos retribuidos adecuadamente, a veces a través de experiencias que se encuentran muy al margen de lo que nuestra mente concreta puede interpretar como apropiado y deseable.

En relación a esto, el tener muchos bienes personales no tiene que ser considerado precisamente como un beneficio, si condiciona radicalmente nuestra personalidad o desarrolla en extremo la ambición; como, de igual manera, el hecho de padecer una prueba de austeridad puede llegar a ser muy beneficioso para nuestro desarrollo personal, puesto que instruye en el desapego y nos ayuda a sentirnos más fortalecidos y autónomos.

Esta Ley justa y retributiva permite no tan sólo comprender lo que anteriormente no comprendimos, sino que, además, acerca al individuo la compasión como un aspecto fundamental en el desarrollo consciente, ya que mediante ella llegamos a entender que cuando herimos a alguien, cuando de alguna manera volcamos nuestra inconsciencia en lo ajeno, se produce un efecto de compensación que a nosotros mismos no daña, sufriendo las molestas consecuencias de la acción.

La mente dual asocia automáticamente sus propios valores, el sentido de lo bueno y lo malo según es educada en las condiciones que afectan al Yo. Esto nos convierte en seres tremendamente subjetivos, intérpretes de las experiencias que vivimos según la serie de consideraciones sociales y personales que hallamos asociado a la psiquis. En cambio, el mundo de las causas distribuye las condiciones formales por las que pasamos sin tener en cuenta nuestra arbitrariedad. Él nos influye desde una perspectiva que sólo podremos entender cuando aprendemos a prescindir de la indumentaria «egoica» que nos envuelve, comprendiendo así el móvil causal que determina precisos efectos.

         La exacta matemática del universo no dispensa nada al azar, ni en manos de una casualidad arbitraria y caprichosa que nos lleve a sufrir gracias a un determinismo cósmico que muchas mentes agnósticas ni siquiera necesitan explicarse. Así que a nuestro mundo —como a cada uno de los seres que lo habitan— lo mueven exactas tensiones que favorecen su devenir, por mucho que a través de la mente lógica no lleguemos a encontrar satisfactorias deducciones.

         El iniciado asume la Ley de correspondencias a la que se ve sujeta su existencia cuando alcanza la equilibrada perspectiva que le hace entender que en el mundo estimulante donde vive todo es relativo; y que, en cualquier caso, todo acontecimiento es una proposición para que él pueda activar la conciencia y liberarse de los añadidos energéticos que carga su personalidad. Asimismo, entenderemos que el karma se manifiesta para el alma humana de forma muy diferente a como lo hace para el alma espiritual o divina. Cuando esta Ley se ha de aplicar a los grandes maestros, a los seres espirituales que habitan dimensiones no físicas, se denomina Ley de la Katancia, un aspecto de correspondencias especiales que requerirá, por decir así, la corresponsabilidad del mundo en el que se evoluciona.

Si bien existen unas correspondencias continuas para el alma humana trazadas por esta Ley, a veces la inconsciencia del hombre se empeña en crearse una condición sin que estuviera dispuesta según concordancias previas de su actitud. Así el estado de dormidez del individuo origina accidentes y limites, haciendo que nuestra acción compulsiva y pasional reproduzca nuevos efectos contradictorios.

(Extracto del libro «LA BALANZA DORADA» ESTUDIO DE LAS 48 LEYES QUE NOS GOBIERNAN, editado por nuestro Departamento Editorial. Para más información, ver publicaciones en nuestra Web: www.cepaluz.com)

  

NOTA 111.-    EL KARMA DE LA INACCIÓN

¿Habían oído hablar antes sobre el karma de la inacción? Ustedes piensan que el karma sólo puede generarse como consecuencia de sus acciones, mas no es así.

Imaginen que alguien se dirige a ustedes en busca de ayuda y ustedes no desean dársela. ¿Crearían karma en ese caso, teniendo en cuenta que ustedes no habrían hecho nada? ¿No harían algún esfuerzo para ayudar a la persona que acude a ustedes?

Mucha gente en la Tierra crea karma justamente por no realizar ninguna acción en el momento en que hay que actuar. La Ley Divina estipula que ustedes crean consecuencias nefastas incluso en aquellos casos en que no realizan acción alguna.

El ser humano llega al mundo con el fin de acumular experiencias y actuar. Por lo tanto, al desviarse de una acción, generan karma. Recuerden que el karma es la Ley de las correspondencias que deriva hacia la vida del mundo causal, energía canalizada con conciencia o erróneamente cuando realizamos actividades incorrectas. Si ustedes usan la Energía Divina que fluye en su campo anímico en conformidad con la Ley Divina, entonces generan adecuadas correspondencias. Si usan incorrectamente la Energía Divina, ésta se acumula en sus cuerpos inferiores en forma de energía negativa. Esta energía, en conformidad con la Ley Divina, les atrae esas situaciones con las que necesitan lidiar una y otra vez con experiencias incómodas, con el fin de aprender una lección, tomar las decisiones correctas para así poder sanar su alma.

Por ejemplo, en el caso de albergar algún tipo de envidia y difamar o calumniar, crean karma negativo. Y ese karma regresará a ustedes a través de situaciones en las que se verán expuestos exactamente a las mismas acciones. Entonces, podrán ser objeto de envidias, insultos o lenguas venenosas.  

A fin de saldar nuestro karma negativo, conviene enfrentar dichas situaciones con humildad y conciencia, sin juzgar a sus agresores y perdonando cuantas veces sea necesario a quienes les ocasionen daño.

Esa es la razón por la cual decía Jesús que se debe perdonar «hasta siete veces setenta». Ustedes nunca saben cuántas veces en vidas anteriores han insultado a la gente y se han visto comprometidos en acciones indecorosas.

Pero volvamos a nuestro punto sobre el karma de la inactividad. Por ejemplo, una persona se dirige a ustedes en busca de ayuda y ustedes se niegan a ofrecérsela. Estarían creando consecuencias negativas por ello, teniendo en cuenta que ustedes no estarían haciendo uso de la energía divina que se les brinda a través de su realidad personal para obrar. Simplemente no hacen nada. Esta situación no es tan simple como parece. Que ustedes creen karma negativo o no depende de muchas circunstancias.

Cuando el individuo logra un cierto nivel espiritual, se encuentra obligado no sólo a su propia auto-observación, sino también a ayudar a otros a escapar de situaciones en las cuales puedan crear condiciones nefastas para la vida.

Ustedes deberán ayudar siempre a la gente que acuda a ustedes en busca de ayuda. Los sentimientos y motivos que les conducen a tomar una decisión hacen que ustedes creen karma constantemente. Por ejemplo, si sus intenciones son las de darle una lección a esa persona que viene en busca de vuestra ayuda, o se complacen por el hecho que alguien venga a humillarse ante ustedes, o simplemente, son demasiado perezosos para ofrecer esta ayuda o la avaricia los domina… cada uno de estos motivos son la verdadera razón de su negación a ayudar. Son cualidades no-divinas y ustedes crean dolor y confusión al fomentarlas.

Por lo tanto, antes de rechazar a una persona que les haya solicitado ayuda, consideren siempre y cuidadosamente todos los «pros» y todos los «contras».

La riqueza y cualidades son dados como una oportunidad de liberar karma. Por lo tanto, una persona a quien se le haya otorgado una enorme riqueza o capacidades personales para que pueda liberarse de su karma, tendrá que analizar muy concienzudamente lo que puede hacer con dicha riqueza con el fin de ayudar a los demás y cooperar con el proceso de su evolución.

(Nota basada en un artículo recibido vía Internet) www.cepaluz.com

          


  17.-   Ley de causa y efecto.- Ley fundamental hermética que nos relaciona aquellos síntomas y consecuencias de la vida con causas precisas que las establecen. Todo tiene su causa, todo su correspondencia. Esto es como decir que no existe la casualidad, ya que cualquier acontecimiento viene condicionado por un móvil específico que la mayor parte de las veces nuestra mente lógica y lineal no entiende ni precisa.

También se la denomina Ley de acción y reacción, ya que a toda acción le corresponde una consecuencia natural que deriva de la misma energía que produce. Cada acto libera una concreta energía, lo que producirá en el espacio-tiempo una correspondencia puntual. A todo síntoma en la vida, a una herida, a un dolor, a una enfermedad, a cualquier situación por la que pasamos, le corresponde una causa donde se apoya; en consecuencia, la causa es el origen desde donde se manifiesta cualquier efecto físico.

         Podríamos decir que una experiencia concreta emite una vibración que impresiona al campo vital, esta vibración repercute en el campo astral, afectando a nuestra alma y, por ende, al inconsciente, de ahí derivará hacia el campo mental creando un diseño electromagnético en lo que llamamos la psiquis, para finalmente producir una huella en el mundo de las causas. El ordenador causal, por decir así, deriva una correspondencia precisa de esa experiencia, afectando al campo mental, al campo astral, repercutiendo en consecuencias concretas en nuestro campo vital, para llegar a manifestarse, por último, en lo físico.

         Según esta Ley todo lo que sucede en el universo tiene un sentido cósmico, ya que cada entidad espiritual está sostenida por las previas condiciones que dan origen a su creación y a aquello que lo ha de conectar con su mundo. Esta cuestión debe ser comprendida desde el punto de vista constelar, desde la formación de soles y planetas, desde la realidad de un país, la formación de una civilización, una raza o bien las causas que determinan que una familia o grupo social estén compuestos por determinadas almas.

El mundo de las Causas se establece para ordenar todas las experiencias, para fijar, como si de una gran computadora se tratara, todas las posibles conexiones de la energía activa, produciendo significativos efectos y correlaciones. En la medida en que un ser humano, gracias a su discernimiento, es capaz de conectarse mentalmente con el mundo de las causas, puede prevenir o anticiparse a los acontecimientos que vive. Quiere decirse que hay hombre causales que llegan a desarrollar esa visión profunda de lo que acontece o es susceptible de acontecer. De esta manera la conciencia permite al alma humana trascender lo temporal, la ilusión mediante la cual nos parece que los acontecimientos suceden de forma lineal, dándonos una visión integral de la vida en donde las correspondencias se plasman.

No obstante, hay personas que ya reciben esta información de forma intuitiva, sin que previamente se haya dado en ellos un desarrollo espiritual. Estas personas, evidente-mente sensitivas, pueden captar desde el mundo causal acontecimientos pasados como futuros, caso de personas que reciben, de alguna manera, información de una catástrofe que va a suceder. Por ejemplo el caso de Calpurnia, la esposa de Julio César, cuando soñó días antes cómo se iba a producir la muerte de su marido; el caso de la profecía que indicaba cómo el príncipe griego Atis moriría de una flecha en plena juventud, vaticinio que obligó a su padre Creso a proteger al niño desde muy tierna edad, sin resultado alguno; el mensaje profético que tuvo una vidente del hundimiento del Titanic días antes de que el barco zarpara, reportaje que hizo que algunos pasajeros anularan su billete, salvándose así de la tragedia; o bien de cómo Abraham Lincon soñó con las particularidades del asesino que más tarde le daría muerte.

Karma se entiende como la serie de correspondencias que ha de vivir el alma, tanto se refiera a efectos negativos como a positivos. Karma es una palabra sánscrita que nos viene a indicar el flujo de deudas y beneficios, de situaciones penosas y limitaciones, como de efectos eficaces que, gracias a una previa disposición, nos hemos creado. Así la Rueda de la Vida genera constantemente penalidades e infortunios, como el mejor lenitivo que utiliza la Ley Divina para que lleguemos a superar aquellos aspectos que niegan la manifestación de nuestra alma.

         Según esta Ley, el karma promoverá para el ser humano situaciones precisas, límites como beneficios que derivan hacia la vida según previamente hayamos manifestado nuestra actitud. La energía que acompaña a cualquier intención impacta en el mundo causal, estableciendo huellas energéticas que con posterioridad se señalarán en la existencia. Así el que seamos feos o guapos, el que hayamos nacido en una familia pobre o adinerada, estemos integrados en una cultura, raza o situación social, el que padezcamos una enfermedad concreta… etc, no sucede por azar, sino que sucede como consecuencia natural de la vibración que previamente nuestro Ser ha diseñado en los planos superiores de la conciencia.

Este proceso que de forma suscinta hemos señalado tendrá que ver tanto con las circunstancias positivas como con las negativas, ya que es simple energía la que procede y diseña nuestra realidad. La energía alterna, confusa, impresionable, inarmónica… etc, creará efectos negativos, mientras que si la experiencia está impregnada de positividad creará efectos útiles y positivos. La resistencia de la mente humana a no sufrir, a no experimentar condiciones o situaciones que amenacen al Yo, se convertirá en una trampa energética que originará más y más condiciones. Es por ello que cuando un individuo fluye adecuadamente afecta positivamente a su karma, mientras que cuando se resite crea más condición.

         El alma, al encontrarse enclaustrada por las formalidades que el «Ego» dispone en la emoción y en la psiquis, requiere continuamente de esta medicina causal a la que llamamos karma, para que el plan evolutivo pueda seguir su curso. No obstante, la compensación del fruto que somos capaces de promover con la actitud favorece múltiples beneficios, bien se haga de forma consciente como inconsciente. Gracias a esta visión amplia de la realidad podremos comprender que en la Rueda de la Vida somos retribuidos adecuadamente, a veces a través de experiencias que se encuentran muy al margen de lo que nuestra mente concreta puede interpretar como apropiado y deseable.

En relación a esto, el tener muchos bienes personales no tiene que ser considerado precisamente como un beneficio, si condiciona radicalmente nuestra personalidad o desarrolla en extremo la ambición; como, de igual manera, el hecho de padecer una prueba de austeridad puede llegar a ser muy beneficioso para nuestro desarrollo personal, puesto que instruye en el desapego y nos ayuda a sentirnos más fortalecidos y autónomos.

Esta Ley justa y retributiva permite no tan sólo comprender lo que anteriormente no comprendimos, sino que, además, acerca al individuo la compasión como un aspecto fundamental en el desarrollo consciente, ya que mediante ella llegamos a entender que cuando herimos a alguien, cuando de alguna manera volcamos nuestra inconsciencia en lo ajeno, se produce un efecto de compensación que a nosotros mismos no daña, sufriendo las molestas consecuencias de la acción.

La mente dual asocia automáticamente sus propios valores, el sentido de lo bueno y lo malo según es educada en las condiciones que afectan al Yo. Esto nos convierte en seres tremendamente subjetivos, intérpretes de las experiencias que vivimos según la serie de consideraciones sociales y personales que hallamos asociado a la psiquis. En cambio, el mundo de las causas distribuye las condiciones formales por las que pasamos sin tener en cuenta nuestra arbitrariedad. Él nos influye desde una perspectiva que sólo podremos entender cuando aprendemos a prescindir de la indumentaria «egoica» que nos envuelve, comprendiendo así el móvil causal que determina precisos efectos.

         La exacta matemática del universo no dispensa nada al azar, ni en manos de una casualidad arbitraria y caprichosa que nos lleve a sufrir gracias a un determinismo cósmico que muchas mentes agnósticas ni siquiera necesitan explicarse. Así que a nuestro mundo —como a cada uno de los seres que lo habitan— lo mueven exactas tensiones que favorecen su devenir, por mucho que a través de la mente lógica no lleguemos a encontrar satisfactorias deducciones.

         El iniciado asume la Ley de correspondencias a la que se ve sujeta su existencia cuando alcanza la equilibrada perspectiva que le hace entender que en el mundo estimulante donde vive todo es relativo; y que, en cualquier caso, todo acontecimiento es una proposición para que él pueda activar la conciencia y liberarse de los añadidos energéticos que carga su personalidad. Asimismo, entenderemos que el karma se manifiesta para el alma humana de forma muy diferente a como lo hace para el alma espiritual o divina. Cuando esta Ley se ha de aplicar a los grandes maestros, a los seres espirituales que habitan dimensiones no físicas, se denomina Ley de la Katancia, un aspecto de correspondencias especiales que requerirá, por decir así, la corresponsabilidad del mundo en el que se evoluciona.

Si bien existen unas correspondencias continuas para el alma humana trazadas por esta Ley, a veces la inconsciencia del hombre se empeña en crearse una condición sin que estuviera dispuesta según concordancias previas de su actitud. Así el estado de dormidez del individuo origina accidentes y limites, haciendo que nuestra acción compulsiva y pasional reproduzca nuevos efectos contradictorios.

(Extracto del libro «LA BALANZA DORADA» ESTUDIO DE LAS 48 LEYES QUE NOS GOBIERNAN, editado por nuestro Departamento Editorial. Para más información, ver publicaciones en nuestra Web: www.cepaluz.com)

  

NOTA 111.-    EL KARMA DE LA INACCIÓN

¿Habían oído hablar antes sobre el karma de la inacción? Ustedes piensan que el karma sólo puede generarse como consecuencia de sus acciones, mas no es así.

Imaginen que alguien se dirige a ustedes en busca de ayuda y ustedes no desean dársela. ¿Crearían karma en ese caso, teniendo en cuenta que ustedes no habrían hecho nada? ¿No harían algún esfuerzo para ayudar a la persona que acude a ustedes?

Mucha gente en la Tierra crea karma justamente por no realizar ninguna acción en el momento en que hay que actuar. La Ley Divina estipula que ustedes crean consecuencias nefastas incluso en aquellos casos en que no realizan acción alguna.

El ser humano llega al mundo con el fin de acumular experiencias y actuar. Por lo tanto, al desviarse de una acción, generan karma. Recuerden que el karma es la Ley de las correspondencias que deriva hacia la vida del mundo causal, energía canalizada con conciencia o erróneamente cuando realizamos actividades incorrectas. Si ustedes usan la Energía Divina que fluye en su campo anímico en conformidad con la Ley Divina, entonces generan adecuadas correspondencias. Si usan incorrectamente la Energía Divina, ésta se acumula en sus cuerpos inferiores en forma de energía negativa. Esta energía, en conformidad con la Ley Divina, les atrae esas situaciones con las que necesitan lidiar una y otra vez con experiencias incómodas, con el fin de aprender una lección, tomar las decisiones correctas para así poder sanar su alma.

Por ejemplo, en el caso de albergar algún tipo de envidia y difamar o calumniar, crean karma negativo. Y ese karma regresará a ustedes a través de situaciones en las que se verán expuestos exactamente a las mismas acciones. Entonces, podrán ser objeto de envidias, insultos o lenguas venenosas.  

A fin de saldar nuestro karma negativo, conviene enfrentar dichas situaciones con humildad y conciencia, sin juzgar a sus agresores y perdonando cuantas veces sea necesario a quienes les ocasionen daño.

Esa es la razón por la cual decía Jesús que se debe perdonar «hasta siete veces setenta». Ustedes nunca saben cuántas veces en vidas anteriores han insultado a la gente y se han visto comprometidos en acciones indecorosas.

Pero volvamos a nuestro punto sobre el karma de la inactividad. Por ejemplo, una persona se dirige a ustedes en busca de ayuda y ustedes se niegan a ofrecérsela. Estarían creando consecuencias negativas por ello, teniendo en cuenta que ustedes no estarían haciendo uso de la energía divina que se les brinda a través de su realidad personal para obrar. Simplemente no hacen nada. Esta situación no es tan simple como parece. Que ustedes creen karma negativo o no depende de muchas circunstancias.

Cuando el individuo logra un cierto nivel espiritual, se encuentra obligado no sólo a su propia auto-observación, sino también a ayudar a otros a escapar de situaciones en las cuales puedan crear condiciones nefastas para la vida.

Ustedes deberán ayudar siempre a la gente que acuda a ustedes en busca de ayuda. Los sentimientos y motivos que les conducen a tomar una decisión hacen que ustedes creen karma constantemente. Por ejemplo, si sus intenciones son las de darle una lección a esa persona que viene en busca de vuestra ayuda, o se complacen por el hecho que alguien venga a humillarse ante ustedes, o simplemente, son demasiado perezosos para ofrecer esta ayuda o la avaricia los domina… cada uno de estos motivos son la verdadera razón de su negación a ayudar. Son cualidades no-divinas y ustedes crean dolor y confusión al fomentarlas.

Por lo tanto, antes de rechazar a una persona que les haya solicitado ayuda, consideren siempre y cuidadosamente todos los «pros» y todos los «contras».

La riqueza y cualidades son dados como una oportunidad de liberar karma. Por lo tanto, una persona a quien se le haya otorgado una enorme riqueza o capacidades personales para que pueda liberarse de su karma, tendrá que analizar muy concienzudamente lo que puede hacer con dicha riqueza con el fin de ayudar a los demás y cooperar con el proceso de su evolución.

(Nota basada en un artículo recibido vía Internet) www.cepaluz.com

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También se la denomina Ley de acción y reacción, ya que a toda acción le corresponde una consecuencia natural que deriva de la misma energía que produce. Cada acto libera una concreta energía, lo que producirá en el espacio-tiempo una correspondencia puntual. A todo síntoma en la vida, a una herida, a un dolor, a una enfermedad, a cualquier situación por la que pasamos, le corresponde una causa donde se apoya; en consecuencia, la causa es el origen desde donde se manifiesta cualquier efecto físico.

         Podríamos decir que una experiencia concreta emite una vibración que impresiona al campo vital, esta vibración repercute en el campo astral, afectando a nuestra alma y, por ende, al inconsciente, de ahí derivará hacia el campo mental creando un diseño electromagnético en lo que llamamos la psiquis, para finalmente producir una huella en el mundo de las causas. El ordenador causal, por decir así, deriva una correspondencia precisa de esa experiencia, afectando al campo mental, al campo astral, repercutiendo en consecuencias concretas en nuestro campo vital, para llegar a manifestarse, por último, en lo físico.

         Según esta Ley todo lo que sucede en el universo tiene un sentido cósmico, ya que cada entidad espiritual está sostenida por las previas condiciones que dan origen a su creación y a aquello que lo ha de conectar con su mundo. Esta cuestión debe ser comprendida desde el punto de vista constelar, desde la formación de soles y planetas, desde la realidad de un país, la formación de una civilización, una raza o bien las causas que determinan que una familia o grupo social estén compuestos por determinadas almas.

El mundo de las Causas se establece para ordenar todas las experiencias, para fijar, como si de una gran computadora se tratara, todas las posibles conexiones de la energía activa, produciendo significativos efectos y correlaciones. En la medida en que un ser humano, gracias a su discernimiento, es capaz de conectarse mentalmente con el mundo de las causas, puede prevenir o anticiparse a los acontecimientos que vive. Quiere decirse que hay hombre causales que llegan a desarrollar esa visión profunda de lo que acontece o es susceptible de acontecer. De esta manera la conciencia permite al alma humana trascender lo temporal, la ilusión mediante la cual nos parece que los acontecimientos suceden de forma lineal, dándonos una visión integral de la vida en donde las correspondencias se plasman.

No obstante, hay personas que ya reciben esta información de forma intuitiva, sin que previamente se haya dado en ellos un desarrollo espiritual. Estas personas, evidente-mente sensitivas, pueden captar desde el mundo causal acontecimientos pasados como futuros, caso de personas que reciben, de alguna manera, información de una catástrofe que va a suceder. Por ejemplo el caso de Calpurnia, la esposa de Julio César, cuando soñó días antes cómo se iba a producir la muerte de su marido; el caso de la profecía que indicaba cómo el príncipe griego Atis moriría de una flecha en plena juventud, vaticinio que obligó a su padre Creso a proteger al niño desde muy tierna edad, sin resultado alguno; el mensaje profético que tuvo una vidente del hundimiento del Titanic días antes de que el barco zarpara, reportaje que hizo que algunos pasajeros anularan su billete, salvándose así de la tragedia; o bien de cómo Abraham Lincon soñó con las particularidades del asesino que más tarde le daría muerte.

Karma se entiende como la serie de correspondencias que ha de vivir el alma, tanto se refiera a efectos negativos como a positivos. Karma es una palabra sánscrita que nos viene a indicar el flujo de deudas y beneficios, de situaciones penosas y limitaciones, como de efectos eficaces que, gracias a una previa disposición, nos hemos creado. Así la Rueda de la Vida genera constantemente penalidades e infortunios, como el mejor lenitivo que utiliza la Ley Divina para que lleguemos a superar aquellos aspectos que niegan la manifestación de nuestra alma.

         Según esta Ley, el karma promoverá para el ser humano situaciones precisas, límites como beneficios que derivan hacia la vida según previamente hayamos manifestado nuestra actitud. La energía que acompaña a cualquier intención impacta en el mundo causal, estableciendo huellas energéticas que con posterioridad se señalarán en la existencia. Así el que seamos feos o guapos, el que hayamos nacido en una familia pobre o adinerada, estemos integrados en una cultura, raza o situación social, el que padezcamos una enfermedad concreta… etc, no sucede por azar, sino que sucede como consecuencia natural de la vibración que previamente nuestro Ser ha diseñado en los planos superiores de la conciencia.

Este proceso que de forma suscinta hemos señalado tendrá que ver tanto con las circunstancias positivas como con las negativas, ya que es simple energía la que procede y diseña nuestra realidad. La energía alterna, confusa, impresionable, inarmónica… etc, creará efectos negativos, mientras que si la experiencia está impregnada de positividad creará efectos útiles y positivos. La resistencia de la mente humana a no sufrir, a no experimentar condiciones o situaciones que amenacen al Yo, se convertirá en una trampa energética que originará más y más condiciones. Es por ello que cuando un individuo fluye adecuadamente afecta positivamente a su karma, mientras que cuando se resite crea más condición.

         El alma, al encontrarse enclaustrada por las formalidades que el «Ego» dispone en la emoción y en la psiquis, requiere continuamente de esta medicina causal a la que llamamos karma, para que el plan evolutivo pueda seguir su curso. No obstante, la compensación del fruto que somos capaces de promover con la actitud favorece múltiples beneficios, bien se haga de forma consciente como inconsciente. Gracias a esta visión amplia de la realidad podremos comprender que en la Rueda de la Vida somos retribuidos adecuadamente, a veces a través de experiencias que se encuentran muy al margen de lo que nuestra mente concreta puede interpretar como apropiado y deseable.

En relación a esto, el tener muchos bienes personales no tiene que ser considerado precisamente como un beneficio, si condiciona radicalmente nuestra personalidad o desarrolla en extremo la ambición; como, de igual manera, el hecho de padecer una prueba de austeridad puede llegar a ser muy beneficioso para nuestro desarrollo personal, puesto que instruye en el desapego y nos ayuda a sentirnos más fortalecidos y autónomos.

Esta Ley justa y retributiva permite no tan sólo comprender lo que anteriormente no comprendimos, sino que, además, acerca al individuo la compasión como un aspecto fundamental en el desarrollo consciente, ya que mediante ella llegamos a entender que cuando herimos a alguien, cuando de alguna manera volcamos nuestra inconsciencia en lo ajeno, se produce un efecto de compensación que a nosotros mismos no daña, sufriendo las molestas consecuencias de la acción.

La mente dual asocia automáticamente sus propios valores, el sentido de lo bueno y lo malo según es educada en las condiciones que afectan al Yo. Esto nos convierte en seres tremendamente subjetivos, intérpretes de las experiencias que vivimos según la serie de consideraciones sociales y personales que hallamos asociado a la psiquis. En cambio, el mundo de las causas distribuye las condiciones formales por las que pasamos sin tener en cuenta nuestra arbitrariedad. Él nos influye desde una perspectiva que sólo podremos entender cuando aprendemos a prescindir de la indumentaria «egoica» que nos envuelve, comprendiendo así el móvil causal que determina precisos efectos.

         La exacta matemática del universo no dispensa nada al azar, ni en manos de una casualidad arbitraria y caprichosa que nos lleve a sufrir gracias a un determinismo cósmico que muchas mentes agnósticas ni siquiera necesitan explicarse. Así que a nuestro mundo —como a cada uno de los seres que lo habitan— lo mueven exactas tensiones que favorecen su devenir, por mucho que a través de la mente lógica no lleguemos a encontrar satisfactorias deducciones.

         El iniciado asume la Ley de correspondencias a la que se ve sujeta su existencia cuando alcanza la equilibrada perspectiva que le hace entender que en el mundo estimulante donde vive todo es relativo; y que, en cualquier caso, todo acontecimiento es una proposición para que él pueda activar la conciencia y liberarse de los añadidos energéticos que carga su personalidad. Asimismo, entenderemos que el karma se manifiesta para el alma humana de forma muy diferente a como lo hace para el alma espiritual o divina. Cuando esta Ley se ha de aplicar a los grandes maestros, a los seres espirituales que habitan dimensiones no físicas, se denomina Ley de la Katancia, un aspecto de correspondencias especiales que requerirá, por decir así, la corresponsabilidad del mundo en el que se evoluciona.

Si bien existen unas correspondencias continuas para el alma humana trazadas por esta Ley, a veces la inconsciencia del hombre se empeña en crearse una condición sin que estuviera dispuesta según concordancias previas de su actitud. Así el estado de dormidez del individuo origina accidentes y limites, haciendo que nuestra acción compulsiva y pasional reproduzca nuevos efectos contradictorios.

(Extracto del libro «LA BALANZA DORADA» ESTUDIO DE LAS 48 LEYES QUE NOS GOBIERNAN, editado por nuestro Departamento Editorial. Para más información, ver publicaciones en nuestra Web: www.cepaluz.com)

  

NOTA 111.-    EL KARMA DE LA INACCIÓN

¿Habían oído hablar antes sobre el karma de la inacción? Ustedes piensan que el karma sólo puede generarse como consecuencia de sus acciones, mas no es así.

Imaginen que alguien se dirige a ustedes en busca de ayuda y ustedes no desean dársela. ¿Crearían karma en ese caso, teniendo en cuenta que ustedes no habrían hecho nada? ¿No harían algún esfuerzo para ayudar a la persona que acude a ustedes?

Mucha gente en la Tierra crea karma justamente por no realizar ninguna acción en el momento en que hay que actuar. La Ley Divina estipula que ustedes crean consecuencias nefastas incluso en aquellos casos en que no realizan acción alguna.

El ser humano llega al mundo con el fin de acumular experiencias y actuar. Por lo tanto, al desviarse de una acción, generan karma. Recuerden que el karma es la Ley de las correspondencias que deriva hacia la vida del mundo causal, energía canalizada con conciencia o erróneamente cuando realizamos actividades incorrectas. Si ustedes usan la Energía Divina que fluye en su campo anímico en conformidad con la Ley Divina, entonces generan adecuadas correspondencias. Si usan incorrectamente la Energía Divina, ésta se acumula en sus cuerpos inferiores en forma de energía negativa. Esta energía, en conformidad con la Ley Divina, les atrae esas situaciones con las que necesitan lidiar una y otra vez con experiencias incómodas, con el fin de aprender una lección, tomar las decisiones correctas para así poder sanar su alma.

Por ejemplo, en el caso de albergar algún tipo de envidia y difamar o calumniar, crean karma negativo. Y ese karma regresará a ustedes a través de situaciones en las que se verán expuestos exactamente a las mismas acciones. Entonces, podrán ser objeto de envidias, insultos o lenguas venenosas.  

A fin de saldar nuestro karma negativo, conviene enfrentar dichas situaciones con humildad y conciencia, sin juzgar a sus agresores y perdonando cuantas veces sea necesario a quienes les ocasionen daño.

Esa es la razón por la cual decía Jesús que se debe perdonar «hasta siete veces setenta». Ustedes nunca saben cuántas veces en vidas anteriores han insultado a la gente y se han visto comprometidos en acciones indecorosas.

Pero volvamos a nuestro punto sobre el karma de la inactividad. Por ejemplo, una persona se dirige a ustedes en busca de ayuda y ustedes se niegan a ofrecérsela. Estarían creando consecuencias negativas por ello, teniendo en cuenta que ustedes no estarían haciendo uso de la energía divina que se les brinda a través de su realidad personal para obrar. Simplemente no hacen nada. Esta situación no es tan simple como parece. Que ustedes creen karma negativo o no depende de muchas circunstancias.

Cuando el individuo logra un cierto nivel espiritual, se encuentra obligado no sólo a su propia auto-observación, sino también a ayudar a otros a escapar de situaciones en las cuales puedan crear condiciones nefastas para la vida.

Ustedes deberán ayudar siempre a la gente que acuda a ustedes en busca de ayuda. Los sentimientos y motivos que les conducen a tomar una decisión hacen que ustedes creen karma constantemente. Por ejemplo, si sus intenciones son las de darle una lección a esa persona que viene en busca de vuestra ayuda, o se complacen por el hecho que alguien venga a humillarse ante ustedes, o simplemente, son demasiado perezosos para ofrecer esta ayuda o la avaricia los domina… cada uno de estos motivos son la verdadera razón de su negación a ayudar. Son cualidades no-divinas y ustedes crean dolor y confusión al fomentarlas.

Por lo tanto, antes de rechazar a una persona que les haya solicitado ayuda, consideren siempre y cuidadosamente todos los «pros» y todos los «contras».

La riqueza y cualidades son dados como una oportunidad de liberar karma. Por lo tanto, una persona a quien se le haya otorgado una enorme riqueza o capacidades personales para que pueda liberarse de su karma, tendrá que analizar muy concienzudamente lo que puede hacer con dicha riqueza con el fin de ayudar a los demás y cooperar con el proceso de su evolución.

(Nota basada en un artículo recibido vía Internet) www.cepaluz.com

          


                                   
                       

Por david_kether - 4 de Abril, 2008, 17:26, Categoría: General
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